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ALBERTO BOMPREZZI, "QUEVEDO NUNCA VENCIÓ A PACHECO DE NARVÁEZ"


 

QUEVEDO NUNCA VENCIÓ A PACHECO DE NARVÁEZ

 

Sobre D. Luis Pacheco de Narváez y D. Francisco de Quevedo y Villegas y de la falsa anécdota de Tarsia en casa del Almirante de Castilla

Quevedo es seguramente el autor más popular del siglo de Oro, por delante incluso de Cervantes y Lope de Vega; y esto se debe en buena a medida a que el imaginario popular siempre disfrutó imaginándolo espadachín y fanfarrón, a la vez hábil con la palabra y con la espada. Dicha imagen se construyó solo y exclusivamente sobre las anécdotas que el abad Juan Pablo de Tarsia, recogió en su panegírico sobre el poeta castellano1, y a partir de ahí los apasionados de Quevedo la difundieron no sin cierta falta de perspectiva. La más relevante de ellas es la que se refiere a su disputa con el maestro de armas D. Luis Pacheco de Narváez en la que, según Tarsia, este fue vencido con la espada por el poeta. Sobre esta falsa afirmación la tradición ha construido la idea de que Quevedo era hábil con la espada, atribuyéndole al maestro de armas todo tipo de características negativas, que se contraponen con el simpático calavera, que es Quevedo. Pero la verdad, es otra.

 

Quiero antes de empezar aclarar los motivos que me llevan a escribir este artículo, porque para ser sincero, lo cierto es que siempre he esperado que esta tarea la acometieran investigadores más preparados que yo en el terreno académico. Si finalmente me he decidido a hacerlo es porque tengo la impresión de que al final el que realmente siente la necesidad de limpiar el nombre del ilustre baezano soy yo, posiblemente porque, como él, me dedico a enseñar esgrima, y la esgrima que practico y enseño se basa en el método que él desarrolló y escribió hace cuatrocientos años.

Si en su día elegí seguir su método- y el de sus continuadores – fue porque a medida que adquiría experiencia con la espada me daba cuenta de su desarrollo teórico era increíblemente exacto, preciso y verdadero. No he encontrado ni en la tradición española ni en ninguna otra un método teórico tan útil para explicar y entender lo que ocurre durante una frase de armas ni para enseñarlo a otros, que es a lo que me dedico.

Y aquí es donde empieza todo; porque cualquier diestro experimentado sabe que la comprensión teórica y el desarrollo intelectual de un método, en cualquier arte, sea esta Esgrima, Música, Pintura o Danza nace de la Práctica, de la vivencia directa. Y esto exige una destreza superior o las conclusiones a las que se llega son limitadas y a poco que el nivel aumenta, equivocadas. El desarrollo de Pacheco de Narváez es impresionante en su detalle, y sobre todo, verdadero, algo que solo un diestro muy hábil con la espada puede crear; hecho que es corroborado por una cantidad enorme de documentos en los que queda patente la admiración de sus contemporáneos por su  habilidad con la espada2, pero también por la experiencia práctica de decenas de personas que hoy en día practican esgrima ateniéndose al método que el maestro baezano desarrolló.

Sin embargo la falsa anécdota con Quevedo ha creado una imagen del maestro de armas extremadamente negativa que no se corresponde en absoluto con lo que este fue a tenor de lo que podemos leer, y ha servido de excusa para que autores extranjeros y nacionales vilipendien no solo al personaje sino al método que desarrolló. Y así resulta que el método teórico para el estudio y análisis del combate con armas blancas más perfecto jamás creado, acaba siendo menospreciado y etiquetado como “demasiado complicado” o “absurdamente matemático” y la anécdota – junto con la del Buscón - traída como argumento para apoyar dicha afirmación.

Dichas criticas, completamente  insostenibles tanto en la Teoría como en la Práctica, deben no obstante ser rebatidas, y es por ello que en este articulo empiezo por el principio, establecer la falsedad de la anécdota y el hecho cierto de que Pacheco nunca fue vencido. No solo porque este gran hombre no merece semejante mancha en su biografía, sino sobre todo, porque afirmar que Quevedo le venció es faltar a la verdad.

D. Miguel Sanchez del Hierro, carancista, reconoce que Pacheco de Narváez nunca fue vencido

Antes de acometer el análisis de la falsa anécdota quiero citar un texto que deja bien claro que nadie venció nunca a Pacheco, algo que con la trayectoria que el baezano tuvo es absolutamente lógico y no podría ser de otra forma, pero la simpatía que el idealizado personaje de Quevedo despierta ha acabado por hacer que se asuma como cierto algo tan absurdo como que alguien afectado de cojera y problemas de vista  pueda vencer a un soldado poseedor de una celebradísima destreza en el manejo de la espada. Es curioso como la anécdota se ha asumido como cierta y se ha reproducido sin cuestionarse ni los hechos, ni el contexto, ni la fiabilidad de la fuente. Es como si se hubiera querido creer en ella, sin pensar demasiado en lo absurdo que esto resulta.

El motivo es obvio; la figura de Pacheco de Narváez en el mundo actual, en el que la esgrima tiene muy poca importancia no puede compararse con la de Quevedo, uno de los grandes escritores de la literatura universal y este ha tenido, y tiene muchos más simpatizantes que el maestro de armas, que con la transformación de la esgrima en los siglos XIX y XX se pasó varios siglos olvidado y desprestigiado por los admiradores de Quevedo, como es el caso de Fernandez Guerra.  Injustamente me parece a mí, si uno estudia las fuentes y los hechos.

En 1636 el pachequista portugués Francisco de Abreu y el carrancista sevillano licenciado Miguel Sanchez del Hierro tras encontrarse en Sevilla, mantuvieron una interesante correspondencia sobre la afición que les unía3; y el portugués acaba escribiendo una larguísima carta en defensa del método de Pacheco ante la renuencia del sevillano a reconocer que el inventor de la Verdadera Destreza es Pacheco de Narváez y no Carranza.

Como es sabido es esa época de guerra civil en el seno de Verdadera Destreza entre los partidarios de la teoría de Carranza, capitaneada por el ecijano Mendez de Carmona, y la pachequista, que el baezano como maestro mayor había impuesto en todo el reino. Los encendidos debates condujeron, a veces, incluso a duelos entre los partidarios de uno y otro bando, o como en este caso a una larga correspondencia por escrito.

En el debate que por carta sostiene con Sanchez del Hierro escribe Francisco de Abreu refiriéndose a Pacheco “..y que como maestro mayor de la filosofía y destreza de las armas y único inventor suyo vienen de toda Europa y de la América unos a verle por admiración, otros a consultarle y otros en mayor número a competir, hecho siempre para esto un estafermo público al universal concurso de todas las naciones probando y defendiendo la verdad de su doctrina…” y podemos leer en la respuesta de Sanchez del Hierro “ Estoy muy bien con lo que dice acerca del obrar de D. Luis de Narváez a todos los que han ocurrido, sin haber denegado a ninguno el tomar la espada y salir siempre vencedor y libre de los intentos del contrario…”

El término “Estafermo público” se refiere a que para demostrar la verdad de sus planteamientos Pacheco a modo de estafermo se situaba en medio de un espacio suficientemente amplio para la práctica con la espada y tiraba asaltos demostrando espada en mano la efectividad de sus propuestas teóricas, que luego explicaba como profesor. A la afirmación de Abreu de que Pacheco nunca ha sido vencido, Sánchez del Hierro, carrancista y por lo tanto no afecto al maestro mayor responde admitiendo que esto es cierto.

Es decir, aunque no comparte con  Abreu la opinión de que Pacheco es el inventor de la Destreza, no puede negar el hecho cierto y conocido de que Pacheco de Narváez nunca fue vencido.

Lo que por otra parte es lógico o el baezano no habría conseguido lo que consiguió. Porque cuando Pacheco llegó a Madrid el escenario estaba dominado por la esgrima común, es decir, una práctica que se enseñaba sin un sistema teórico de referencia. Y sin un sistema teórico, la práctica puede ser sublime si el esgrimidor es hábil, pero por lo general al abandonar en manos de la habilidad individual el desarrollo práctico, lo normal es que fuera mediocre y peligrosa. Con ello no quiero decir que no hubiera esgrimidores hábiles, los habría, pero sabemos por referencias escritas que era a menudo violenta, tosca, y causa de peleas en las que las espadas negras de esgrima acababan usándose como un látigo o un palo y no como un simulador de una espada blanca, que es lo que debería ser4.

Pacheco de Narváez, como otros maestros en Europa, entiende que es necesario establecer un método, una forma de entender el arte de la esgrima que sea efectiva, realista y segura. Así que tras publicar - o posiblemente antes - su tratado Las Grandezas de la espada se introduce el mundo de la Esgrima. Pacheco cuando llega es un desconocido y tiene que enfrentarse a todos y vencer para convencer. Lo hace con la espada y con la palabra, y los hechos prueban que lo hace con éxito. Nadie le regala nada; son su destreza y su inteligencia lo que le catapultan y le permiten ascender socialmente, pero tiene a todos en contra. Si triunfa es porque vence y convence. ¿Habría sido esto posible si un minusválido le hubiera vencido? ¿Cómo puede asumirse que esgrimidores sin taras físicas no fueran capaces de vencerle y si pudiera un cojo en una disciplina en que – y esto lo sé por experiencia de años – si uno no puede mover las piernas con rapidez y coordinación resulta completamente imposible superar al adversario? ¿Cómo puede ser que hombres de la estatura de Lope de Vega, Vélez de Guevara o Calderón celebrarán la inteligencia y habilidad  de Pacheco si hasta un tullido podía vencerle? ¿Cómo es posible que el propio Quevedo nunca mencione el suceso ni siquiera de forma circunstancial? 

La anécdota

La anécdota ha llegado hasta nosotros a través de Aureliano Fernandez Guerra, conocido intelectual español del siglo XIX editor de las obras de Francisco de Quevedo que,  evidentemente, simpatizaba con el personaje.  Con quien no simpatizaba es con Pacheco, a tenor de la descripción que de él hace:

En los primeros días del siglo XVII aspiró a eclipsar la gloria de Carranza D. Luis Pacheco de Narváez, caballero de Baeza, hombre presuntuoso y avalentado que al fin vino a ser maestro de Felipe IV y mayor en todos sus reinos. La audacia que mostraba la ambición que mal encubría, el desdén con que solía mirar los escritos de su famoso antecesor, ocasionáronle rivalidades odios y acaloradas contiendas. Tuvo entre sus apasionados a Cristóbal Suarez de Figueroa, historiador,  filosofo y poeta, al ingenioso y galano Luis Vélez de Guevara y al profundo dramático Juan Ruiz de Alarcón; y entre sus adversarios a D. Luis Mendez de Carmona, caballero de Écija y defensor acérrimo de la doctrina de Carranza y a D. Francisco de Quevedo.”

No puede decirse que Fernandez Guerra sea muy ecuánime, porque el baezano entre sus apasionados tuvo a bastantes más que los que él menciona y entre ellos estuvieron Lope de Vega y Calderón. El editor juzga a Pacheco desde la perspectiva de Quevedo asumiendo por completo la perspectiva de este, al que, obviamente, idealiza. Su postura ha sido asumida de manera sistemática hasta el día de hoy dando origen a una imagen estereotipada del maestro baezano como arrogante, vanidoso, despectivo y no tan hábil con la espada como él pretende. Dicha imagen absolutamente falsa, plana, de malo de película, es un invento, pero ha venido siendo asumida porque sirve bien al propósito de demostrar la improbable habilidad de Quevedo con la espada. Convertir a Pacheco en un personaje negativo, sin matices, es esencial para ensalzar a Quevedo, que es el fin último de dicha anécdota. Pero lo cierto es que dicha imagen es una invención de  Fernández Guerra necesaria para justificar su idea de Quevedo y solo puede ser asumida como cierta haciendo caso omiso de los documentos que atestiguan la habilidad con la espada y enorme fama de Pacheco de Narváez5.

Veamos el texto original del biógrafo de Quevedo Pablo Antonio de Tarsia, del que Fernández Guerra extrae la anécdota.

Hallóse Don Francisco en vn concurso de los mayores Señores

de la Corte en casa del Presidente de Castilla, donde se argüyó sobre

las cien conclusiones de la destreza de las armas, que sacó Don Luis

Pacheco de Narváez, Maestro, que fue del Rey nuestro Señor en esta

profession, y mayor en los Reynos de España; y después de auer discurrido

algunos, e impugnado las conclusiones, salió Don Francisco

contradiziendo la que en vn genero de acometimiento dezia no auer

reparo, ni defensa; y para la prueba, combidó al Maestro, á que tomasse

con él la espada; el qual, aunque lo reusaua, alegando, que la

Academia se auia juntado para pelear con la razón, y no con la espada,

obligáronle sin embargo los Señores á salir con ella, y al primer

encuentro le dio Don Francisco en la cabera, derribándole el sombrero.

Retiróse el Naruaez algo enojado del sucesso; y Don Fra[n]cisco,

para sazonar la fiesta, dixo: Probó muy bien el señor D. Luis Pacheco

la verdad de su conclusión, que á auer reparo en este acometimiento

no le pegara yo.

(Vida de don Francisco de Quevedo y Villegas, Madrid, Pablo de

Val, 1663, pp. 59-60).

A partir de este texto se ha ido creando un mito que poco que tiene que ver con la realidad; yo he llegado a leer cosas tan absurdas como que Quevedo tiró sentado contra Pacheco – posiblemente una trasposición de la anécdota de Francisco de Añasco famoso maestro carrancista en Sevilla -.

Su autor Pablo Antonio de Tarsia recoge esta anécdota en su libro Vida de Francisco de Quevedo y Villegas, que luego recogerá Aureliano Fernandez Guerra.

El autor de la anécdota

Pablo Antonio de Tarsia, eclesiástico nacido en Puglia, llega a Madrid entre 1645 y 1647 al servicio un noble napolitano y no llega a conocer nunca a Quevedo. Será años después de su llegada a Madrid posiblemente hacia 1658 cuando tras visitar la Torre de Juan Abad – la casa del poeta – decida escribir su biografía con el material que allí encuentra y con los testimonios de gente que le conoció.  Nacido en 1619 Tarsia ni siquiera había nacido cuando se produjo el supuesto incidente con Pacheco, acaecido en 1608, es decir cincuenta años antes de su llegada a Madrid. Él no está presente en casa del almirante de Castilla cuando, en 1608, tiene, o no, lugar dicha anécdota y no cita su fuente, lo que ya de entrada no resulta demasiado fiable, sobre todo cuando resulta que el protagonista de este suceso jamás afirmó ni por escrito ni verbalmente,  no digo haber vencido a Pacheco sino haberse enfrentado a él. Algo raro si se tiene en cuenta lo que le odiaba y todo lo que dijo de él.

El propósito  hagiográfico de la biografia quevediana de Tarsia

Hoy en día los estudiosos sobre Quevedo convienen en que la vida de Quevedo de Tarsia es hiperbólica e idealizada y sabemos que muchas de las anécdotas que en él se relatan son o interpretaciones personales de los hechos, exageraciones o invenciones6.

Tarsia al escribir la biografía de Quevedo no pretende ser riguroso, sino crear un arquetipo heroico partiendo de los elementos reales de la vida del poeta, pero modificándolos para que estos respalden la imagen que pretende construir de él, que es la de un hombre de estado, virtuoso, comprometido y sabio. El Quevedo de Tarsia carece de debilidades humanas y se eleva por encima de los demás hombres casi como uno de los santos sobre los que Quevedo escribió profusamente.

Su intención es hagiográfica y por ello, ajusta los hechos conocidos de la vida de Quevedo para que sirvan como soporte y argumento de las virtudes que, de él,  Tarsia quiere destacar; y cuando no hay datos que puedan servir para respaldar una virtud necesaria en el Quevedo ideal que él imagina, el autor rellena el vacío ya sea inventando ya sea modificando o reinterpretando los hechos a su conveniencia, con tal de dotar al protagonista de su historia de los rasgos del héroe clásico.

La intencionalidad de Tarsia se percibe fácilmente a lo largo de todo el texto tal y como se desprende de su simple lectura, pero hay datos concretos que prueban como el abad napolitano tergiversa o inventa hechos a su antojo. 

Uno especialmente evidente es el que menciona al final del libro, en que pretende que al morir Quevedo su cuerpo quede incorrupto durante diez años, como si de un santo se tratara. Según Tarsia, este hecho casi milagroso, habría ocurrido por motivos sobrenaturales como consecuencia de la vida virtuosa y espiritual que el poeta había llevado.

Otra menos fantasiosa pero no por ello menos falsa, es su pretensión de que Quevedo participó en la conjura de Venecia de 1618 cuando existen pruebas documentales fehacientes que prueban la imposibilidad de que  Quevedo participara en ella6.

Ambas anécdotas tienen como finalidad mostrar las cualidades del Quevedo ideal de Tarsia, la del hombre virtuoso en la primera, la del hombre de estado en la segunda, pero son falsas, algo que para Tarsia es aceptable en su intento de construir un Quevedo ideal.

La invención de la habilidad de Quevedo con la espada

Para crear el Quevedo ideal, Tarsia debe probar que era diestro con las armas, condición esencial del héroe. Pero no lo tiene fácil ya que Quevedo no ha sido soldado ni ha destacado nunca en la práctica de la esgrima; no ha escrito libros ni le han dedicado versos por su destreza con la espada. No le queda más remedio que inventar algunas anécdotas que creen la imagen de un Quevedo espadachín.

Tarsia establece la habilidad de Quevedo con la espada a partir de tres anécdotas y un soneto.

La primera anécdota es la que estamos comentando y la que más se ha usado para argumentar que Quevedo era diestro con las armas.

En la segunda se nos cuenta como Quevedo ahuyentó, en las calles de Madrid, una pantera usando su espada y un broquel, y en la tercera afirma que mató a un hombre que maltrataba a una mujer y que tras reprenderle le mató en una pelea.

Creo yo que semejante bagaje de valor y destreza marcial, aunque fuera cierto, no es para impresionar a nadie; sobre todo cuando contemporáneos como Lope de Vega o Cervantes habían servido en la milicia el primero con Alvaro de Bazán en las Terceras, y el otro en Lepanto con Juan de Austria y Farnesio, o el propio Pacheco que fue soldado durante diez años y luchó contra los turcos.

Ninguno de estos autores necesita anécdotas de reyertas callejeras para que se les considere valientes, son innecesarias. Tarsia en cambio considera necesario contarlas porque no tiene argumentos para justificar el valor del protagonista de su historia.  Y tampoco sabemos si son ciertas, no hay pruebas de que de hecho ocurrieran. En principio, a falta de más pruebas, sabiendo lo que sabemos de Tarsia y de su probada capacidad para inventar hechos, debemos suponer que son falsas o muy probablemente exageraciones, quizás convirtiendo un encuentro de Quevedo con un gato, en una pelea con una pantera o una discusión callejera en un lance en defensa de una dama.

El cuarto y último argumento para apoyar su breve alegato – una página y media - sobre la habilidad con la espada de Quevedo Tarsia es una línea en un poema en italiano en la que se menciona la habilidad del poeta con la espada, de una autor por cierto desconocido y del que no he podido encontrar referencia alguna, aunque quizás algún especialista sobre Quevedo pueda hacerlo. De no ser así estaríamos ante otra invención de Tarsia7.

En cualquier caso, poca cosa creo yo si se compara con el del maestro baezano que Quevedo tanto odia; porque en el caso de Pacheco de Narváez los sonetos, decimas, dedicatorias, rimas, cartas que alaban a su valor, destreza con la espada, y su dominio del Arte y Ciencia de las armas se cuentan por decenas, tanto antes como después de la falsa anécdota.

En cualquier caso, teniendo en cuenta que Tarsia, inventa lo que le conviene en la creación de un Quevedo ideal, resulta meridiano que no es posible dar por buenas ni una sola de sus anécdotas sin que exista otra fuente documental que la corrobore.

Claro que el asunto es que no hay, hasta donde yo sé, ninguna. Ni el propio Quevedo, protagonista de la supuesta anécdota, que odiaba a Pacheco8 y al que insultó y denostó de muchas y variadas formas menciona jamás el suceso, lo que no deja de ser extraño porque el mayor insulto posible habría sido justamente vencerle, espada en mano.  Pero no dice nada, nunca en ninguna parte.

Tampoco nadie nunca, en ninguna carta, relación o documento menciona, que sepamos, dicho suceso. Es decir de momento, no solo no sabemos qué pasó en casa del almirante de Castilla, ni siquiera sabemos si pasó.

Por otra parte, de haber pasado, algo, fuera lo que fuera, debería haber habido consecuencias; no es creíble que en un mundo donde la esgrima era una actividad social importante un poeta famoso y minusválido venza a un maestro de gran fama y el suceso ni tenga jamás repercusión mediática alguna ni tenga consecuencia alguna para el maestro de armas9. No solo, su fama como diestro y profesor de este arte sigue ascendiendo hasta que esta le procura en un primer momento el nombramiento de maestro de los pajes del rey y más tarde el nombramiento de Maestro mayor del reino.

Conclusiones

Así que si hacemos un breve resumen de lo expuesto tenemos lo siguiente:

1) La supuesta habilidad con la espada de Quevedo se fundamenta sobre las cuatro breves referencias de Tarsia

2) El testimonio de Tarsia, por hagiográfico e hiperbólico no puede ser tenido en cuenta a falta de otros testimonios y pruebas documentales

3) No parece existir referencia alguna ni a la anécdota con Pacheco, de nadie, ni siquiera del propio Quevedo que odiaba al baezano

4) No existen consecuencias para Pacheco de ningún tipo, su progresión continua imparable y su fama aumenta.

5) En 1636 D. Miguel Sánchez, diestro carrancista, en respuesta a una carta de Francisco de Abreu - pachequista – reconoce que D. Luis Pacheco de Narváez jamás fue vencido.

Con semejante información lo único que puede deducirse es que,  que sepamos, si pasó algo, que no lo sabemos, no fue sin duda lo que Tarsia afirma, y que, salvo prueba en contrario,  la anécdota es completamente falsa. Si sabemos en cambio que a Pacheco no le venció nadie con la espada,  el único que pudo con él fue su rey al que él sirvió como soldado y como maestro mayor y que le pagó dejándolo en la miseria los últimos años de su vida.

Como ya he comentado yo no soy un especialista sobre Quevedo pero, a falta de otras pruebas, debemos dejar atrás al personaje de novela y asumir, que, en realidad su destreza con las armas es una invención literaria que no se corresponde con la realidad, algo que por otra parte parece bastante lógico. Las conocidas limitaciones físicas del poeta y la personalidad que emana de sus obras no son ni la de un diestro ni la de un soldado. Quevedo es un intelectual, un cortesano, no un hombre de acción. Fue enorme con la pluma y  la palabra, no con la espada. Que sepamos, jamás se enfrentó a Pacheco con ella, ni se batió con él, ni que sepamos, con nadie. Frente a Quevedo, la destreza con la espada del maestro baezano y la comprensión de su arte debió ser mucha tal y como se desprende de sus obras, de la admiración que despertó entre sus contemporáneos y de la fama que  obtuvo y por la que llegó a ser maestro del rey y mayor del reino.

Creo apropiado terminar este breve artículo con las palabras que D. Antonio Iuste que fue maestro de armas y de danzar en la corte de Felipe IV, dedicó a D. Luis Pacheco de Narváez:

Con valentía enseñar

Y con la espada reñir

A los infieles rendir

Y enemigos sujetar

Todo en vos se vino a hallar

Pues vuestra mano alentada

Con pluma por Dios cortada

A todo el mundo dio guerra

Defendiendo nuestra tierra

Con la pluma y con la espada.

 

 

D.Alberto Bomprezzi

Maestro de Armas

AEEA-EMET

_________________________________________________________________________

 

1 Vida de Francisco de Quevedo Y Villegas, de Pablo Antonio de Tarsia

2 Ver los sonetos y décimas incluidos en sus obras. En un artículo separado recogeremos muchos de ellos.

3 Carta de Francisco Abreu de Lima, lusitano, al licenciado Miguel Sanchez del Hierro Salazar, vecino de la ciudad de Sevilla sin numerar aunque está en la página 6 desde el inicio de la carta.

4 Las grandezas de la espada pag. 248 “…también ha habido imperfección en las espadas que hacen así para liccionar como para ejercitarse, haciéndolas tan delgadas y cortas que al traerlas en la mano casi no se sienten, de do sucede que cuando vienen a tomar las de la cinta, como están habituados a las pequeñas no las pueden mandar…”

“Las grandezas de la Espada” pag 124 l. 13/23 refiriéndose al brazal y a la manotada. Pag 227 refiriéndose a los reparos con el brazo la capa. Pag 228 refiriéndose al reparo “…como las dos espadas las quitan de entre los dos cuerpos y ninguna hiere, venir a los brazos y echar mano al sombrero para tapar los ojos, echar mano a la barba, y darle golpes en los rostros, todo lo cual es feo y dañoso…”

5 Soneto de Lope de Vega a D. Luis Pacheco de Narváez

A la esfera de Marte reservada

a solos Héroes de inmortal memoria

llegó don Luis por última victoria

de tanta envidia vanamente armada.

La pluma de las armas retirada,

 a esta moral ocupa dulce historia,

por dividir entre las dos la gloria,

emulación de su famosa espada.

A dos ilustres Damas asegura

Marte en su esfera, y resplandece en ellas

su aspecto y su virtud cándida y pura.

Las dos eran de Venus luces bellas,

 más ya para guardar tanta hermosura

en la esfera de Marte son estrellas

6 Vida de Francisco de Quevedo Y Villegas, de Pablo Antonio de Tarsia pag 143-146

   Criticón 94 “ Quevedo y los Santos” Santiago Fernández Mosquera pag .7 y 8

   J.O Crosby “Quevedo’s  alleged participation in the Conspiracy of Venice”.

   Academia Literaria Renacentista II: Alessandro Martinengo “La Vida de Quevedo de Paolo Tarsia:Discoours y     Recit” pag 59 a 68.

   Nueva Revista de Filología Hispánica “Reseña de posibles inéditos de Quevedo a la muerte de Osuna” Diego Martínez Torrón pag 188/189  “…en ella (la biografía de Tarsia) la amistad entre los dos jóvenes se desarrollaba en medio de intensas aventuras, no siempre verdaderas…”: Tarsia es el primer biógrafo de Quevedo y culpable de que se le atribuyan leyendas de su etapa italiana que han sido miméticamente reproducidas después. Estas leyendas aunque corrompen la historia y sus personajes…”

7 Incluyo los versos sobre Quevedo che Tarsia incluye en su panegírico, atribuyéndolos a Andrea Cunci.

 Oltre cheal cantone rassembri il vero

 Apollo e al parlar fogliuol de Maia

Esai d’orbie di cieli ogni lor parte

Ogni dote real di cavaliero

Eroicamente in te sua luce irraia

Onde nell’armi ancor rassembri un Marte.

8  Incluimos una parte de las Estrofas 40-44 del Canto I de Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el Enamorado en las que Quevedo se refiera a Pacheco de Narváez

A las espaldas de Reinaldo estaba,
más infame que azote de verdugo,
un maestro de esgrima que enseñaba
nueva destreza, a güevo y a mendrugo:
don Hez, por su vileza, se llamaba,
descendiente de carda y de tarugo,
a quien, por lo casado y por lo vario,
llamó el emperador Cuco Canario.

Era embelecador de geometría,
y estaba pobre, aunque le daban todos;
ser maestro de Carlos pretendía;
pero, por ser cornudo hasta los codos,
su testa ángulos corvos esgrimía,
teniendo las vacadas por apodos;
éste, oyendo a Reinaldos, al instante
lo dijo al rey famoso Balugante.

Quevedo escribe estos endecasílabos hacia 1626- 1628 cuando Pacheco es ya maestro mayor, es decir, mucho tiempo después de la supuesta anécdota. Y ni siquiera en esta ocasión en la que insulta abiertamente al baezano llamándole hez, vil, y cornudo comenta nada sobre ella.

9 En el siglo XVII las noticias relevantes se publicaban a través de relaciones de sucesos o gacetas. Los duelos y enfrentamientos entre personajes conocidos ya fuera por su nobleza o por su fama eran habitualmente recogidos como ocurre con el duelo en 1636 entre D. Juan de Herrera y el marqués del Águila. Curiosamente, que sepamos, nadie recogió la que nos cuenta Tarsia.

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